Las medallas que no vemos…

  • Mientras me disponía a plasmar mis agradecimientos de hoy, en frente del escritorio donde estas líneas toman forma, hay un colgador de medallas muy bonito con algunas medallas que he acumulado estos dos últimos años.

    Me acuerdo claramente, hace cosa de 5 años, sentada en la arena, veía pasar a gente corriendo por el malecón. Todos con expresión de sufrimiento por el calor, el sol, o que sé yo lo que llevan en la mente las personas que corren al amanecer. ¡Al menos, en se momento, no lo sabía! (Spoiler alert: ahora lo sé)

    Pensaba: “Cómo me gustaría poder correr así! Con esa naturalidad y ligereza, y quién sabe, ¡hasta participar en alguna carrera de esas donde hay muchísima gente!” Sentía amargura con un dejo de decepción. Lo veo ahora a distancia de años, en ese momento, había dejado de creer en mí!

    Lo había intentado todo, y cuando digo todo, es Tooodoooo, hasta remedios de esos que van de boca en boca y con los que hubiese podido morir, pero no me importaba, yo sólo quería ser flaca. Pero no flaca de cualquier manera, no, flaca de la serie, me acosté a dormir y me desperté lista para ir al Miss Universo. Ahora la simple idea me da risa. Siempre soñando despierta.

    Retomando el tema de las carreras, recuerdo haberme descargado una aplicación para entrenar la carrera, con el método caminando-corriendo, popularmente conocido como Ca-Co. Llevaba mis rodillas en agonía por 10 segundos corriendo, mientras me lamentaba ahogada y sin oxígeno los 20 que me tocaba caminar. La tortura duraba 20 minutos la primera semana y de ahí en adelante iban cambiando tanto las torturas como las agonías, hasta llegar al objetivo de correr 5k sin esfuerzo.

    Qué decir al respecto? El objetivo no se logró…al menos es ese momento!

    Siempre pensé que era por mi falta de constancia o disciplina. Una de mis hermanas mayores me dice: ¡Yo admiro tu disciplina! Y mi antigua voz castigadora replicaba: ¿pero cuál disciplina? ¿Es que acaso no me estás viendo bien?

    El caso es que mi hermana siempre fue capaz de ver bajo esa pesada idea que yo tenía de mi persona, a mi verdadera yo. A la Inés luchadora, constante, que no se rinde y que va a por lo que quiere, que no se detiene. A esa Inés yo también soy capaz de reconocerla ahora.

    El caso es que empecé de a poquito, caminando rapidito, haciendo ejercicios en casa, estudiando técnicas, aprendiendo sobre nutrición, medicina china y mil cosas más. No puedo decir exactamente cuál fue el momento del cambio, ¿o tal vez sí? El tema es que, en este tiempo, puedo decir, que me he ganado muchas más medallas de las que veo ahora colgadas.

    He hecho tres medias maratones en tres meses, sólo al inicio de este año, y cientos de kilómetros he CORRIDO desde aquel día en la playa. He ganado muchas más medallas de las que mi colgador (super bien anclado a la pared) puede aguantar. Solo que esas medallas no tienen la forma de las convencionales. Se ven en la ropa que puedo ponerme ahora sin reventar, en las veces que puedo sacar a mis perros a correr al amanecer sin desmayarme por el camino, en las largas caminatas por las ciudades que visito sin tener que hacer turismo desde la ventanilla del coche porque mis pobres pies no me pueden aguantar, en poder ir a la tienda de muebles Sueca que todos conocemos y no sentarme en cada silla o cada colchón con la excusa de probar su comodidad.

    Esas son las medallas que van conmigo a todas partes y de las que realmente me siento orgullosa. Entonces escucho la voz de mi hermana diciendo: “¡Me siento orgullosa de ti y de lo lejos que has llegado! ¡Admiro tu disciplina!”. Y la mejor parte es que le creo, porque ahora yo también puedo verlo. Puedo disfrutar de la suma de mis acciones y experimento en carne propia el ¡Sí se puede!

    ¡Si has llegado hasta aquí, cuéntame cuáles son las medallas que llevas tú y que nadie puede ver…estaré encantada de leerte!

    Quienquiera que seas, si sientes que no tienes ninguna medalla de la que sentirte orgullosa, te abrazo en la distancia y te recuerdo que, si yo pude, tú también puedes.

Pedacitos de mi vida que tal vez puedan ser útiles.

Muestro, comparto y regalo las partes que me han servido y las que no, con la esperanza que lleguen a donde han de llegar.

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Comentarios

  1. José Ramos dice:

    Es una historia muy conmovedora. Enhorabuena buena por tu esfuerzo y por todas las medallas, físicas y psicológicas.

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