Érase una vez…

Una mujer de mediana edad comenzando la perimenopausia, con todo el cuadro hormonal y emocional que ello puede significar. Sí, la persona de la foto era yo, cansada, adolorida, triste… Con una decepción que no me cabía en el cuerpo!

No entendía por qué, justo a mí, me había tocado la genética del tipo «hasta el agua me hace engordar»! Cuántos esfuerzos vanos, cuantas recetas locas, cuantos experimentos sin sentido con la finalidad única de perder todo ese, tan agobiante peso.

En esa foto tenía 45 años. No son pocos pero tampoco eran demasiados. 45 años de luchas, momentos felices teñidos de amargura donde el pensamiento recurrente era: cuando sea flaca voy a poder…(completa la frase con tu propia trampa), seguida de: mañana me pongo seria!.

Ya no sé cuántas veces desocupé la nevera, limpié la despensa, regalando todos los alimentos no incluidos en la nueva dieta que estaba a punto de comenzar.

Con tristeza puedo decir que las hice absolutamente todas, y nada dio resultado más allá de un par de semanas. Los gramos que veía irse luego de un agotador sacrificio, los sentía regresar con compañía poco tiempo después. Así, año tras año.

Llegué al punto de un intento de reducción de estómago, pero, con la suerte que me acompaña, algo fue mal por el camino y tampoco funcionó. La realidad es que me tocó aprender a comer desde cero!

Continuará…

Comentarios

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  2. José Ramos dice:

    Muy motivador

  3. José Ramos dice:

    Muy triste 😢.

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