El higo de otoño

Y el poder del agradecimiento.

Primer acto…

En el pueblo donde vivo, caminando por el campo, se puede apreciar una cantidad sustancial de árboles de higo. En mi infancia, recuerdo a mi madre tratando de hacer crecer una plantita de esta misma fruta con todos los cuidados del mundo. Se le dedicó tiempo, energía, afecto. Se le hicieron todos los remedios habidos y por haber, y nada. Llegó la adolescencia y los primeros años de la edad adulta sin ver resultados. Un día la planta, simplemente se murió, supongo que mi madre se cansó de cuidar algo que jamás daría frutos! y para ser justos, tampoco le ví más de una hoja. 

Al ver estos árboles de aquí, pienso varias cosas, entre ellas, que aquél pobre higo simplemente no estaba en su tierra para poder prosperar…

El caso es que, nunca tuve la posibilidad de coger un higo y comerlo crudo, del árbol a mi boca, tampoco tuve la curiosidad!

Segundo acto…

Un día, en mis largas caminatas para perder peso, cogí uno y sin pensarlo, me lo metí a la boca…Wow…su aroma y el dulce de su interior lleno de miel, fue toda una experiencia…me marcó tanto que, cada día al pasar por allí, quitaba un higo y me lo comía. Esa planta, grande y majestuosa, se convirtió en una amiga importante para mí. Al quitarle el higo, le pedía permiso respetuosamente, le daba las gracias y cada día le decía lo hermosa que estaba y lo agradecida que me sentía de poder compartir esos momentos con ella y que me regalase sus frutos. 

La estación fue pasando y con la llegada del otoño, como ocurre con cada planta no perenne, mi amiga fue perdiendo sus hojas y los frutos eran cada vez más escasos. Pecado, porque ya me había acostumbrado a comer un higo cada día.

Ya bien entrado el otoño, poquitas hojas quedaban y un día pasé y ya no había higos. Me sentí realmente triste, no tanto por no poder comer la fruta sino por ver la planta majestuosa quedarse rala, ya casi desnuda. Ese día, desde el fondo de mi ser me detuve a acariciar sus ramas nudosas y le dije: “eres hermosa y especial. Agradezco que cada día durante estos meses hayas tenido un regalo delicioso para mí! Es el momento de descansar y renovar fuerzas para el año que viene! Seguiré pasando a saludarte por aquí cada día con el mismo amor. ¡Como me gustaría que me regalases sólo un higo más!”…dije suspirando y me fui.

Lo que aprendí…

Al día siguiente, tal y como había prometido a mi amiga, pasé a saludarla y cual fue mi sorpresa cuando al levantar la mirada, había UN HIGO, sí, en mayúsculas! Enorme, maduro, perfecto y sin haber sido tocado por ningún pájaro hambriento. No me lo podía creer. Mi agradecimiento fue tal, que cogí el higo y la acaricié con más amor aún del que ya le había mostrado antes. Este momento me enseñó varias cosas, entre ellas, que el agradecimiento tienen muchísimo poder, y mientras he estado concentrado en lo que me ha faltado en lugar de en las cosas que he tenido, he ido perdiendo parte de la alegría de sentirme plena y abundante. Igualmente, aprendí que los milagros existen y viven en los cambios de percepción, en este caso, sólo tuve que cambiar la perspectiva, alzar la mirada y mi regalo estaba allí. Ese higo no creció en 24 horas (o tal vez sí, los milagros pertenecen al territorio de lo que no sé que no sé!) pero ciertamente subir mis ojos para agradecer lo que no sabía que tenía, me dio la posibilidad de tenerlo.

Eso me llevó a reflexionar sobre una práctica útil en referencia a mi cuerpo. 

Desde que lo hago, muchas cosas han cambiado, entre ellas, lo que veo en el espejo y lo que siento en ese momento.

Si te apetece que te comparta esta práctica, házmelo saber y te lo cuento.

Comentarios

  1. José Antonio R. dice:

    Me encanta tu historia y la manera como escribes. La relación de amistad que tienes con la Higuera es maravillosa. Enhorabuena y gracias por compartir.

  2. José Ramos dice:

    Que historia tan hermosa. Los milagros ocurren, todos los días, sólo hay que estar atentos. A veces son cosas tan pequeñas que no nos damos cuenta. Y cuando nos damos cuenta no le damos el debido valor. Y casi nunca agradecemos por ellos.

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